Luli y Coco – Un nuevo inicio

Llegó el día en que nos fuimos de UK hacia nuevos países, y llegamos a Bélgica. Un país por el que nunca se nos hubiera ocurrido pasar, no por nada especial, sino porque nunca lo habíamos considerado hasta que nos dimos cuenta de qué tan cerca el ferry nos dejaba. Solo 50 kilómetros. Y así fue como decidimos pasar por este pequeño pero gran país. Un país que nos sorprendió muchísimo, por sus paisajes, su arquitectura y, como siempre, su gente.

Por primera vez en este año y medio nos encontramos ante un país plano, nuestros ojos pueden ver por kilómetros y kilómetros. Desde un pueblo se puede divisar la cúpula de la iglesia del siguiente pueblecillo y así sucesivamente. Llegar de un pueblo a otro tampoco es muy difícil con la bicicleta; basta con seguir el canal y listo. Estos, están bordeados por bici sendas muy prolijas.
Constantemente nos cruzamos con niños y jubilados paseando por estas callejuelas, en sus impecables bicicletas, quienes nos saludan muy amistosamente al pasar. Cada vez que tenemos un problema con nuestro tándem; generalmente los rayos, las personas al notar que estamos viajando, se acercan a ver en que nos pueden ayudar, ya sea con algún repuesto, o en llevarnos a su casa a reparar la rueda con sus herramientas que son mucho mejores que las nuestras, o incluso en traernos algo de comer o algún refresco mientras se soluciona el problema.

Cuando uno piensa en Bélgica, el primer lugar que se cruza por nuestra mente es Brujas, y no es para menos, es una ciudad bellísima. Es la típica ciudad que parece sacada de un cuento. Sus calles de adoquines, iglesias de piedras, arcos de ladrillos, y canales hacen que uno pueda caminar por horas sin notar el paso del tiempo. Nos deleitamos con el chocolate y fue imposible resistir la tentación de probar los waffles con más chocolate. Paseamos por Brujas pero al cabo de unas horas tuvimos que marchar ya que no encontrábamos ningún lugar para dormir que se acomodase a nuestro bolsillo. Por lo que agarramos la bici e hicimos cinco kilómetros hacia el norte en busca de algún campo que nos deje poner la tienda por la noche.

Hicimos 5 kilómetros y ya estábamos nuevamente, en el medio del campo. Nos metimos por una callecita muy pequeña y serpenteante. Entramos a una finca de cerdos y los dueños estaban a los gritos, por lo que nos fuimos y golpeamos en la siguiente casa, a medio kilómetro. Luego de golpear varias veces, sale una señora de unos 85 años. No sabemos muy bien en qué idioma hablarle, así que finalmente recurrimos a las señas. Nos pregunta si buscamos dónde dormir y nos indica que la sigamos hacia una caballeriza. Nos muestra un cubierto medio abandonado, y nos pregunta si está bien. Para nosotros perfecto, hasta tenemos agua y electricidad y nos va a poder refugiar de la lluvia. Por la mañana, a las ocho en punto, Annette, nos viene a despertar con un pan bajo el brazo para indicarnos que nos invita a desayunar a su casa. Una vez en la cocina, nos sirve café con leche, y llega su vecina que habla inglés para hacer de traductora. Los cuatro charlamos sobre distintos temas y finalmente Lieve, la vecina nos invita a dormir a su casa la noche siguiente. Nos viene ideal porque por una de esas casualidades, nuestros amigos la familia Zapp, también están en Brujas y no muy lejos de donde estamos nosotros. Así que nos vamos a pasar el día con ellos, donde nos ponemos al tanto de por qué lugares estuvimos desde nuestro último encuentro de septiembre en Escocia. Por la tarde regresamos a la casa de Lieve, quién nos está esperando con una riquísima lasaña casera y unos ricos chocolates.

Pasamos tres semanas hermosas en Bélgica, paseando por distintas ciudades y pueblos, llanos y no tanto porque mientras más al este íbamos, más montañoso se ponía. Realmente disfrutamos mucho todos los kilómetros pedaleados a orillas del Río Mosa en el “Parque Natural Regional Des Ardennes”   ya que el río hacia un hermoso espejo y reflejaba todos los árboles que lo rodeaban. Tuvimos la gran oportunidad de poder vivir la cultura belga desde los hogares por la gran hospitalidad de su gente, quiénes nos ayudaron en todo lo que estaba a su alcance haciendo nuestro paso por este país, único e inmejorable.

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