Karni Mata, el templo de las Ratas

Cuenta la leyenda…

Que Karni Mata imploró a Yoma (Dios de la Muerte) para que le devolviera a la vida a su hijo Laxman. Yoma en primera instancia se negó para más tarde concederle ese deseo a la vez que convertía a Laxman, y a todos los descendientes masculinos de la casta Charan, en ratas.

En la zona del Rajastán en India y a tan solo 30 km de Bikaner existe un pequeño pueblo llamado Deshnoke en cuyas inmediaciones se establece desde el siglo pasado un pequeño templo venerado por locales. La particularidad de este templo son sus adorados moradores, que se cuentan por miles (más de 20.000) y corretean en todas direcciones con total libertad. Hablamos de ratas y son tanto o más reverenciadas que si de vacas se tratara.

Imagen de Karni Mata o el Templo de las ratas
Imagen de Karni Mata o el Templo de las ratas

Templo Karni Mata o Templo de las ratas

El acceso al templo es gratuito y, como es habitual en los templos del país, hay que dejar el calzado en una pequeña y humilde consigna. Se puede entrar con calcetines o descalzo como mandan los cánones locales.

Tras cruzar un patio de mármol blanco te encuentras dentro del templo. Una pequeña estancia interior te da la bienvenida mientras comienzan a asomar sus primeros huéspedes. Unos pasos más y se observan galerías, pasillos y pequeños cuartos infestados de ratas. Justo al frente está la sala principal, aquella en la que se encuentra la imagen de Karni Mata, allí donde humanos y ratas parecen coexistir en armonía a tenor de la extraña simbiosis que allí se produce. Cada hueco es susceptible de estar lleno de ellas y así es como al acercarte salen raudas y veloces cientos, miles!

Se trata de un espectáculo, no solo a nivel visual y de sonido, los cinco sentidos se despiertan en el templo. El siguiente sentido en activarse es el olfato (y además lo hace abruptamente). El aire se va haciendo más y más espeso, nauseabundo en ciertos lugares, y más si lo acompañas de imágenes y sensaciones, de las ratas siendo veneradas y alimentadas por los lugareños. Esto nos lleva al último de los sentidos el tacto, porque sí, los locales tocan a las ratas, las besan también, lo cual no es signo más que de admiración por ellas.

Entre tanta rata azabache suele encontrarse una rata albina, blanca. La empresa de encontrarla se antoja complicada habida cuenta del gran número de bichos allí dentro pero nada como que un local te diga dónde y cómo localizarla. Y ahí está, tras unas rejas, destacando sobre el resto. Ella tan blanca y orgullosa bebiendo la misma leche que las demás. Feliz ella y feliz quién consigue verla, pues se dice que quedará ”bendecido” por el resto de sus días.

Si viajas a India y vas a ver templos como este, asegúrate de llevar un buen seguro de viaje.

 

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